Partir en cuerpo y alma .

Ensayo – Rebelión en la granja

Posted on: noviembre 24, 2010

I

  • De cómo el hombre busca la felicidad

“El destino de los hombres,

está hecho de momentos felices,

toda la vida los tiene,

pero no de épocas felices”

F. Nietzsche

 

Merodear en los huecos de las pasiones y miserias humanas no es tarea fácil, ni algo que ya esté escrito. Justamente porque esas pasiones y miserias se encuentran en espacios huecos, impermeables y oscuros. Justamente porque es en la represión de nuestras pulsiones donde encontramos el camino para dejar vivir al otro: en las represiones internas.

Pasamos nuestros días luchando contra infortunios para ‘alcanzar la felicidad’ y  es que ¿acaso ella es una sola?, ¿necesariamente se encuentra al final del recorrido? o ¿es posible que no sea algo concreto y esté dispersa en pequeñeces? Es probable que se nos presente en diminutos detalles; pero qué hay, entonces, del sentido totalizador de nuestras vidas. Somos amo y esclavo a la vez, como un entretejido de mandatos que nos constituyen, cumpliéndose éstos en diferentes momentos.

Bien, sabiendo que somos uno, que llevamos sobre nuestras espaldas el peso de la existencia y que es finita, es que podemos llevarla a cabo en grupo, responsabilizarnos del sentido gregario del hombre: somos individuales, pero necesitamos del otro para subsistir. Evidentemente coexistimos en el egoísmo de la autoconservación y para ello debemos controlar, sublimar, reprimir algunos de nuestros imperecederos impulsos. De esta manera dejamos lugar a que nuestro prójimo pueda vivir y así sucesivamente.

Los lazos sociales o contratos o convenciones que fortalecemos entre todos a veces no son los que más nos convienen. Pero de su regulación se encarga un ente que no tiene existencia física, por lo tanto, no tiene rostro a quien podamos hacerle alguna especie de reclamo: el Estado (que para Aristóteles tiene la condición de natural, no es un acuerdo entre los hombres). Pero aún así tiene representantes y a ellos le correspondemos las quejas, porque, al permanecer en continuo conflicto con la sociedad, será menester hacer conocer aquello que no colabora con nuestra felicidad, con la felicidad del pueblo o el bien común.

Aristóteles plantea que toda asociación se forma por algún interés o beneficio, y la conformación de una ciudad concierne a una cuestión política. De política para garantizar a cada individuo que aspira a la felicidad en sociedad.

Entonces, la conformación de los poblados alcanzó el fin para el que se constituyó: “nació de la necesidad de vivir y existe para vivir feliz”[1]. Ahora bien, lo central de esa felicidad es la libertad, y la libertad avala la igualdad entre los sujetos. Por ello es que el filósofo propone que el lenguaje es lo que distingue la política del hombre y la herramienta que le permite conformar una memoria colectiva, que brinde estabilidad e iguale lo desigual, y lo hace partiendo de lo existente y del análisis de las formas vigentes.

Pero ¿qué sucede cuando en la sociedad no se respetan esas garantías iguales?, peor aún, ¿qué sucede cuando se utiliza, por ejemplo, la justicia social como un eufemismo y se aplica el abuso por parte del gobierno, hacia las masas? Suceden dos cosas, encadenadas: la sumisión y el hartazgo devenido rebelión, del tipo que sea, pero rebelión en tanto ebullición de los silencios que han debilitado a la sociedad.

George Orwell, sometido al contexto de su época, tiempos de totalitarismo y melancolía, describe de manera alegórica el proceso crítico y cíclico de las sociedades abatidas por la corrupción de sus gobiernos. Rebelión en la granja explica cómo es posible salir de la opresión, vivir tiempos felices e, increíblemente, volver al estado de dominación; dejando en claro el importante papel que la memoria social o, la desmemorización y el olvido, cumplen dentro de esa atmósfera que asfixia las libertades de los individuos. Orwell se manifiesta en contra de todo aquello que atente contra la libertad, contra la igualdad, contra la decencia; refiriéndose a los principios corrompidos del socialismo[2].

El hombre, a lo largo de su existencia, ha visto difuminado su destino, colmado de coerciones a su libertad, pero una cosa ha sabido guardar bajo su poder: la posibilidad de romper las cadenas y  de forjar el camino de la revolución.

 

 

 

 

 

 

II

  • Discursos que rozan el sentimentalismo

“El hambre sublevó a los animales, que ya no resistieron más.

Una de las vacas rompió de un cabezazo la puerta del almacén de forrajes,

y los animales empezaron a servirse por su cuenta ”

Rebelión en la granja[3]

 

Hannah Arendt piensa a la política como relación:

 

“El hombre es a-político. La política nace en el Entre-los-hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre. De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política. La política surge en el entre y se estable como relación”[4].

 

También, podemos comprender que el fin de la política es la libertad, y Arendt  escribe ubicada en un contexto de persecución. Un momento en el que los intelectuales alemanes, que estaban perdiendo su identidad en tanto debían huir de su territorio, comienzan a cuestionar la razón del hombre. Aquella que era el lineamiento a través del cual las sociedades funcionaban; una razón que constituía la esencia de la modernidad y era la razón fundante de verdades absolutas.

Se preguntarán cómo es posible que la razón del hombre haya plegado el destino de la humanidad hacia el genocidio, hacia el terror institucionalizado y prolijamente estructurado. En todo caso, de qué progreso se está hablando, si se logra convencer a los sujetos que Auschwitz es el camino correcto.

José Pablo Feinmann, en su libro ‘La filosofía y el barro de la historia’, dice:

“Pero la Dialéctica del Iluminismo se encamina hacia su finalidad definitiva: demostrar que la racionalidad del hombre que somete a la naturaleza somete también a los hombres y que ese sometimiento tendrá su mayor expresión racional en los campos de exterminio. Esta es la dialéctica del Iluminismo: de las luces de la razón al horror planificado y frío de Auschwitz”[5]

En Rebelión en la granja, esta lógica de funcionamiento se ve claramente. Retomo los discursos del personaje de Squealer para desarrollar el impacto que la Demagogia puede causar en la sociedad, me corrijo: para desarrollar el terrible efecto que generan los discursos demagógicos en la vida social.

A Orwell además de interesarle el problema de las desigualdades y la coerción de la libertad del individuo, le interesa la manipulación del lenguaje por parte de los políticos para conseguir sus propósitos[6]. Y aquí me quedo yo.

Si Aristóteles definía el lenguaje como característico del hombre, como herramienta para conformar la memoria colectiva, también puede utilizarse para fines que perjudican a las sociedades. La demagogia es una idea política que tiene por objetivo apelar a discursos sentimentalistas y afectivos para conseguir el apoyo del pueblo.

Este tipo de discurso atenta contra la confianza de la sociedad y su voluntad, y de esta manera lo que se violenta es la coraza de la memoria colectiva. Porque si en todo momento están hablando desde un lugar que confunde y manipula la historia, difícilmente podrá el pueblo cuidarse de repetir la historia.

El cerdo Squealer es el encargado de llevar a la granja las órdenes de Napoleón, disposiciones que en nada benefician a todos los animales, sino que por el contrario benefician sólo a los cerdos. Lo interesante está, entonces, en ver el proceso de persuasión que se lleva a cabo en la granja.

Dos factores parecen importantes, uno son las ovejas, que funcionan como distracción, corren y desplazan el eje de la discusión. Inmediatamente luego de algún anuncio de Squealer, ellas cantan y evitan que explote el clima de tensión y disconformidad de los animales:

 

“Entonces las ovejas irrumpieron con un tremendo balido de ‘¡cuatro patas sí, dos pies no!’, que continuó casi durante un cuarto de hora y puso fin a todo intento de discusión”[7].

El otro factor es el discurso de Squealer, el primero que da:

 

“Día y noche estamos velando por vuestra felicidad. Por vuestro bien tomamos esa leche y comemos esas manzanas. ¿Sabéis lo que ocurriría si los cerdos fracasáramos en nuestro cometido? ¡Jones volvería!. Sí, ¡Jones volvería! Seguramente, camaradas –exclamó Squealer casi suplicando, moviéndose de un lado a otro y agitando la cola-, seguramente, no hay nadie entre vosotros que desee la vuelta de Jones”[8].

  • Por otro lado, el sociólogo Max Weber[9] distingue las formas puras de la

Dominación en la sociedad: la tradicional, la racional y la carismática.

La primera, toma forma en la autoridad tradicional. Lo que significa que el poder es hereditario, conforma un dominio patriarcal y su legitimidad está ligada a la persona que fue elegida por tradición.

La segunda, toma forma en la autoridad legal, existe la legitimidad a

través de las leyes y normas, y en la configuración de órdenes impersonales y objetivas.

Y la tercera, toma forma en la autoridad carismática. Es decir, cuando la

persona a cargo tiene una cualidad ‘sobrenatural’, una espíritu que llama la atención de las masas; se piensa en la relación líder-masa[10].

El personaje de Squealer pareciera acomodarse a la tercera forma de dominación. Si bien no es el que tiene el poder, es quien tiene la voz y con ella la responsabilidad de hacer cumplir lo que Napoleón dictamina.

Desde la descripción que se hace de Squealer se anticipa el papel que cumplirá dentro de la granja:

 

“El más conocido era uno pequeño y gordito, que se llamaba Squealer, de mejillas redondas, ojos vivarachos, movimientos ágiles y voz chillona. Era un orador brillante, y cuando discutía algún asunto difícil, tenía una forma de saltar lado a lado, moviendo la cola, que le hacía muy persuasivo. Se decía de Squealer que era capaz de hacer ver lo negro, blanco”[11]

¿Por qué dominación?, porque está implícita en el modo del decir, la dominación a través de la manipulación desde el discurso. Su personalidad era de esa manera, es decir, estaba en su naturaleza y por eso ocupaba dicho lugar. Generando en el lector el alerta de que hay algo en la forra en que explica las situaciones, que va más allá de la razón; es la intuición de saber que alguien nos oculta información o que hay algo en ella que no concuerda con la realidad.

 

Y es la realidad el motor de la memoria, en verdad, son los procesos que se van gestando en la realidad aquellos que nos marcan hoy, en el presente de nuestras vidas. Que, no olvidemos, están signadas con el fin de ser felices, y que esa felicidad se logra a través de obtener y mantener nuestra libertad, mientras que paradójicamente es ‘administrada’ por los políticos, aquéllos que debieran regular las acciones de los individuos en tanto no perjudiquen la libertad del otro.

Entonces, la memoria justifica el cambio, ya que conservando la memoria evitamos la repetición de hechos que nos perjudican como sujetos y como sociedad. Y en Rebelión en la granja asocio el personaje de Benjamin a la memoria sabia y paciente. No necesariamente esta condición de paciencia lo convierte al personaje en alguien pesimista, sino alguien que conserva, en su prudencia al opinar, el sentido de la vida:

 

“Sólo el viejo  Benjamin manifestaba recordar cada detalle de su larga vida y saber que las cosas nunca fueron, ni podrían llegar a ser, mucho mejor o mucho peor; el hambre, la opresión y el desengaño eran, así dijo él, la ley inalterable de la vida”[12]

Benjamin no representa más que la racionalidad sobre su experiencia, sabe la repetición de los sucesos, sabe que en la naturaleza del hombre está la pulsión de muerte, de destrucción (por parafrasear a Freud); y que como toda cosa natural, es algo invariable o imposible de erradicar.

  • Orwell genera en el espectador la sensación de incomodidad e impotencia ante

el desarrollo progresivo de las decisiones que se toman en la granja. Y estas sensaciones se dan debido a la fuerte identificación (más allá de la analogía explícita con la realidad de su época) de quien lee con su propia realidad. Echando una mirada abarcativa a la novela, podemos decir que genera impotencia por ver desde fuera cómo se fueron desplazando los objetivos de la rebelión hasta volver a un estado totalitario, nuevamente.

Pero sobretodo, la impotencia hace foco en el reconocimiento objetivo de su situación como la nuestra. Es decir, la humanidad ha sabido tocar fondo en la crisis y subir a la superficie, sin nada y volver a empezar; pero volver a empezar implicó para algunas sociedades la reiteración de procesos nefastos, similares a aquellos que provocaron las crisis.

¿Es el pueblo desmemoriado, el Estado que sutilmente ‘colabora’ en la desmemorización del pueblo o un poco de ambas?

 

 

 

III

  • Se dijo que la rebelión no tenía más su raison d’être

“El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse.”

Michel Foucault[13]

 

“Bestias de Inglaterra” era el estandarte de los animales, veían en ese himno la representación del cerdo Major y por consiguiente, la consagración de su libertad. Era el símbolo que significaba la igualdad y la hermandad entre todos, no por nada escribieron los 7 mandamientos.

Las palabras de Major fueron cruciales, pero ancladas en el inconsciente de los animales, debido al desconcierto acerca de una supuesta rebelión. Es decir, la revuelta no fue dada luego de un proceso teórico y estratégico, sino que fue un enojo visceral y el discurso de Major antes de morir, el motor de los animales. Confiados en la resistencia de su lucha y la lealtad de sus compañeros, comenzaron de nuevo a construir su lugar para vivir.

Y poco tiempo después, Squealer anunció:

 

“(…) Bestias de Inglaterra fue el canto de la Rebelión. Pero la Rebelión ha terminado. La ejecución de los traidores de esta tarde fue el acto final. El enemigo, tanto exterior como interior, ha sido vencido. En ‘Bestias de Inglaterra’ nosotros expresamos nuestras ansias por una sociedad mejor en el futuro. Pero esa sociedad ya ha sido establecida. Realmente esta canción ya no tiene objeto”[14]

Pero lo que se estaba vedando no era una simple canción, era la identidad forjada; se estaba alertando que no había motivos para pensar en una rebelión al sistema establecido, a Squealer lo enviaron a coartar la herramienta de defensa de los animales. Si esta canción ya no tiene objeto, es que su significado no lo tiene, y es justamente su significado la memoria colectiva que vela por la no repetición de las historias nefastas, en este caso, por la no repetición de la explotación de los animales.

Se quiere borrar el origen (ursprung) de la rebelión, ya sabemos el por qué, pero ¿de qué manera? Foucault retoma esta palabra de las ideas de Nietzsche y la critica. Él pensará desde la genealogía, por lo tanto, negará el origen en la Historia en tanto totalizadora e intempestiva, lo negará por su carácter de despliegue metahistórico[15] (se opone a la búsqueda de la historia).

Pero por otro lado, pienso en este origen como punto de partida de procesos históricos, saltos que se dan cuando se terminan dichos procesos. Entonces es la rebelión el origen y a su vez la conclusión de la explotación en la granja, pero en el proceso de reconformación y reestablecimiento de los lazos sociales se va desligando poco a poco el origen de esa historia gestada. Es decir, la supresión paulatina de ciertos acuerdos entre los animales, la modificación de las costumbres y la reducción  de los 7 mandamientos a 1 sólo, fueron sin dudas los acontecimientos que debilitaron la memoria de los animales. Y por tanto, el origen de esa porción de su historia.

 

“A veces, los más viejos buscaban en sus turbias memorias y trataban de determinar si en los primeros días de la Rebelión, cuando la expulsión de Jones aún era reciente, las cosas fueron mejor o peor que ahora. No alcanzaban a recordar”[16]

No podría determinar si la intención de Orwell es dejarnos un mensaje pesimista, sólo que, como es sabido, expresa su disconformidad hacia los totalitarismos.

Orwell escribe desde las experiencias más remotas y cercanas de su vida, reflexiona desde el origen de su memoria y deja por escrito su visión sobre la política de ese momento, un momento histórico-político que considera traidor a sus principios socialistas.

Y si escribe, no importa la opinión ajena, es por la necesidad de expulsar aquello que va en contra de su deseo, de su felicidad. Es por ello que los animales padecen la explotación, porque creen que será el camino a la confortabilidad de sus cuerpos cansados y de sus espíritus corrompidos por las injerencias que desde el poder les han provocado.

Pero se equivocan Napoleón y Squealer. Porque la raison d’être de la rebelión no se restringe, ni con la palabra, ni con la fuerza. Ella descansa en la bronca visceral de las injusticias; está ahí latiendo y esperando que el infortunio golpee.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Aristóteles; La Política; pág. 6.

[2] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 8.

[3] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 37.

[4] Arendt, Hanna; ¿Qué es la política?; 2005; Buenos Aires; Paidós; pág. 45.

[5] Feinmann, José Pablo; La filosofía y el barro de la historia; 2009; Buenos Aires; Planeta; pág. 408.

[6] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 10.

[7] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 63.

[8] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 49.

[9] Weber, Max; Sociología de la dominación.

[11] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág.34.

[12] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 113.

[14] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 85.

[15] Feinmann, José Pablo; La filosofía y el barro de la historia; 2009; Buenos Aires; Planeta; pág. 540.

[16] Orwell, George; Rebelión en la granja; 2009; Mestas Ediciones, pág. 113.

 

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